miércoles, 24 de agosto de 2011
Mi escritura, mi mentora.
Mi más que gran pasión necesidad por la escritura, no comienza en un momento determinado, no recuerdo el día en que me diese cuenta de que me gustaba y la necesitaba, desde que tengo uso de la razón sé que me acompaña. Mi infancia nunca fue una cosa bien organizaba, mantenía bajo control las pocas cosas que podía con mi edad y mi conocimiento: mis amigos, mis juguetes.
El momento en que me di cuenta de que debía dejarlo todo por mantener organizada otra vida fue en que comencé a sentir todo muy lejos, no tenía amigos y tampoco tenía juguetes. Me refugié en los libros, y con el tiempo empecé a escribir pequeños textos con rimas que escondían una vivencia, un sentimiento, un deseo, siempre muy difícil de ver entre las palabras, tuve una época melancólica en que escribía poesías muy largas y amargas, fue en la que me diagnosticaron una enfermedad que me haría sentirme un poco diferente de los demás, cosa que me hizo sentir más solo aún, ahí fue cuando comencé de verdad a escribir.
Nunca me decanté por un tema, siempre escribía y escribo por lo que siento, nunca escribo lo que quiero. Inspiración creo que nunca la he tenido, o eso o es que nunca la he perdido, en todo momento en que he vivido algo he podido escribir sin ser forzado.
Lo que intento transmitir son sentimientos, situaciones que he vivido que han sido buenas o malas, ambas necesarias en la vida.
Para progresar en esto lo que debo hacer es no dejar que mi mente muera, que mi fantasía se pierda, que mis recuerdos vuelen, pues todo eso va ligado en lo que escribo.
Escribir ha hecho que mi vida tenga un curso conforme, estable, cuando tengo nervios escribo y me relajo, cuando estoy triste escribo y me animo, en mi vida es algo esencial, es como la necesidad de dormir.
Y no hay razones que me empujen a seguir, no las necesito, es una acto natural como el respirar.
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